LOS HUARIQUES, CENTRO DE CULTO GASTRONÓMICO
No existe en el mundo
un lenguaje en el cual se pueda manifestar con un solo verbo tantos estados de
ánimo, grados de incertidumbre, o de ternura, o de pasión o de íra o de desdén.
El Quechua adquiere en estos casos la flexibilidad del manantial que se desliza
por las praderas con las palabras más sutiles. Muchos peruanos hoy en día
utilizan el vocablo quechua “huarique o warique” para referirse a un
restaurante o lugar de expendio de comidas, donde los potajes o guisos son
objetos de culto, el lugar es casi secreto y la tertulia es obligada, esta
especie de templo de la cocina tiene como origen en la cultura inca. El hoy
conocido como warique proviene de dos palabras quechuas, la primera es “wa”,
cuya utilización era para referise a todo aquello que no se entedía, que no se
conocía o que hallara escondido en secreto. La segunda es “rique”, esta palabra
se deriva de “rocqro que significa guiso. De esta forma, y tras una
metamorfosis (no tanto) de la palabra, hoy es conocido un warique como el lugar
que es escondido, barato y se venden platos tradicionales, estos lugares suelen
ser distintos en cada departamento de nuestro país.
Huancayo, de noche.
Mientras los fríos vientos golpean el rostro, el perfume de la comida invade la
ciudad, tres wariques que representan la diversidad en sus platos son de
nuestra elección, viandantes por la calle Piura y Ancash vemos a una señora,
con traje blanco, y boina del mismo color, de piel canela y acompañada de dos
acompañantes, uniformadas, los comensales le dicen “tía Charo”, las personas ya rodean el puesto como si se
tratara de un espectáculo, o quizá los sea, el lonche serrano que cuesta S/1.50
y que tiene como bebidas maca, quinua, quaker, y sus clásicos panes acompañados
con huevo, queso, palta, etc. Rosario de manos habilidosas, es una mujer de más
de 40 años, cuya hija de nombre Andrea la acompaña todas las noches. Esta
tradición proviene desde Francia, la propia palabra lo dice “lonche”, aperitivo
antes de la cena.
Sus orígenes de cómo
nació esta clase de negocios es un misterio, ya que tía Charo tiene competencia,
aunque es la preferida por la gente, pero la demanda suele ser tan alta al
punto que antes de las 10 de la noche, tía Charo y compañía, se retira sin un
pan, y los envases de bebidas vacías.
Calle Mantaro y
ancash, lugar sitiado de gente, porque a pocas cuadras está el mercado más
grande de Huancayo, el mercado modelo; una señora de nombre Lucía, vende las
tradicionales humitas y el famoso choclo, Lucía o “mamita” como le nombran los
comensales, es una mujer de piel blanca, viste sombrero verde y uniforme blanco
con el eslogan de la municipalidad de Huancayo, suponemos que es un regalo,
aunque con esta realidad política no se sabe. Los precios son baratos, la
humita cuesta 1 sol y el choclo a 0.50 céntimos, tratamos de preguntar como
inicio en el negocio, ella tímida, habla tan bajo que no se le puede escuchar,
o quizá le incomodaos con nuestras cámaras y nuestras inquisiciones,
observamos, la cantidad de venta; aquel warique es de lo más extraños, ya que
por primera vez se ve gente comer humita y choclo a la misma vez, ya que ambas
provienen de maíz, en los restaurantes jamás unen tales delicias, pero a la
“doña” no parece importarle, ya que las humitas se come en el Perú desde el
siglo 17 preparado con maíz molido y envuelto con panca, este alimento es tan
famoso que se consume en varios países como en Bolivia, Argentina, Paraguay y
Ecuador, resulta ser tan famoso que para el siglo 19 en nuestro país
aparecieron los humiteros, hombres que vestían sombrero y pantalón negro y
estentóreos vendían por las mañanas y las noches, ellos fueron los primeros
vendedores de humitas, décadas después, Doña Lucía vende con un puesto plantado
entre las calles más concurrentes por los huancaínos.
Cuando el hombre come “corazón”
Misma calle, Ancash y
Mantaro, un puesto, una señora risueña, eso lo confirmamos después de
acercarnos, de lejos, el humo producido por la cocción del anticucho de res,
pollo y panchos no dejaba visualizar, “mamá Rosa, un corazón por favor”
sentencia una señorita que se cruzaba los brazos como abrazándose ella misma,
el frío es feroz, mamá Rosa voltea los “corazones” para que fría bien. “si
comes corazón, estas devorando también su alma” solía decir Jorge Luis Borges,
férreo defensor de los animales. Mamá Rosa vende sus productos a un solo cada
anticucho, igualmente con el pancho. Nos acercamos a la señorita que comía
anticucho, lanzamos la pregunta más clásica del mundo gastronómico.
¿Qué tal está la
comida?
Muy buena, mira vivo
cerca y siempre salgo a comer estos anticuchos, y llevo un plato más para la
casa para probar con la familia-
¿por qué prefiere
venir aquí y no ir a otro lugar?
Es que es el precio
justo a comparación de otros lugares, además la sazón de mamá Rosa es muy buena, recomendable.
Esto trocitos de
corazón de vaca como diría Ricardo Palma, tiene sus orígenes en el virreinato
del Perú, cabe recordar que durante la esclavitud estas brochetas se solían
hacer con carne de llama, es cuando los españoles con su carne de res envuelto
con vino, las vísceras y corazón lo desechaban, fue cuando los esclavos
decidieron reemplazar a la llama por la res, convirtiéndose al día de hoy, en
la brocheta, más rica del Perú.
Estos wariques, son
más que centros de comida, son lugares de culto, de recordar nuestra historia,
de apegaros a nuestra cultura, lugares donde la tertulia es casi obligatoria,
lugares donde el peruano se conecta con su historia

Comentarios
Publicar un comentario